jueves, 23 de agosto de 2007


Los arrecifes coralinos

En el mar también encontramos formaciones sedimentarias en cuya génesis intervienen de manera decisiva los seres vivos. Son construcciones coherentes debidas a la fijación de diversos minerales (carbonatos) que se encuentran disueltos en el agua de mar y los seres vivos lo utilizan para su crecimiento. Estos organismos deben estar sumergidos parte del día. Se forman, así, los arrecifes. Un arrecife es una barrera de rocas situada en el mar y en zonas de mareas que durante la marea alta permanece sumergido y durante la marea baja aparece parcialmente emergida. Cualquier tipo de roca, independientemente de su génesis, forma un arrecife, pero aquí nos interesaremos por los arrecifes creados por los seres vivos, los corales.
Un arrecife coralino es una construcción biológica formada por los esqueletos calcáreos de madréporas agrupadas en colonias de pólipos y algas a lo largo de las costas tropicales de aguas cálidas y poco profundas, y los materiales procedentes de la sedmentación y fragmentación de los esqueletos antiguos. Las partes vivas forman una biocenosis compleja en la que encontramos vegetales y animales. Los pólipos son animales que viven fijos en el fondo de las aguas por uno de sus extremos, y tiene en el otro, la boca, rodeada de tentáculos. Las algas tienen especial importancia puesto que dan cohesión al armazón de las madréporas.

La temperatura del agua es decisiva, no debe bajar de los 18 ºC y la oscilación térmica no debe ser mayor de 3 ºC; la temperatura ideal está entre los 20 y los 30 ºC. Estas condiciones se encuentran en las zonas occidentales de los océanos tropicales. La salinidad debe ser superior al 27 ‰, por lo que no se encuentran frente a las desembocaduras de los grandes ríos. Además, la agitación de las aguas es necesaria para asegurar la renovación de los nutrientes. En condiciones óptimas pueden crecer un centímetro al año.

Tipos de arrecifes

La organización de los arrecifes coralinos depende del sustrato, la dirección de las olas, las corrientes y los vientos (que generan las olas). Los edificios totalmente sumergidos forman plataformas coralinas o platures. A sotavento se acumulan cayos arenosos muy inestables. Los arrecifes bien formados siempre tienen una parte emergida.

Los arrecifes coralinos más característicos son los atolones. Se caracterizan por su forma de anillo que encierra un lagón de diámetro variable (desde unos centenares de metros a 60 kilómetros). Su profundidad también varía entre unos metros y unos centenares de metros, ya que tiende a rellenarse por depósitos de arenas y limos. Por el lagón se dispersan pequeñas islas bajas similares a los pináculos. Entre ellas existen amplios surcos que permiten la renovación del agua. Los collares de atolones reciben el nombre de faros. Son resultado de la existencia de oleaje en las dos caras del arrecife, bien por que es tan grande que en el lagón hay un oleaje potente o bien porque los vientos soplan en direcciones diferentes en distintas épocas del año (monzones), en cuyo caso se alinean en barreras de arrecifes.

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